sábado, 18 de octubre de 2008

CONSULTA 4

Fra Luca Paciolli (1445-1510)

Matemático italiano. Franciscano. Profesor de matemáticas en Perugia, Nápoles, Milán, Pisa, Bolonia, Venecia y Roma.

Pionero en el cálculo de probabilidades. En su Tractatus particularis de computis et scripturis (1494) expone el primer análisis sistemático del método contable de la partida doble.

Luca Pacioli nace en Borgo San Sepolcro alrededor del 1445, por lo tanto es uno de los primeros estudiosos italianos que puede utilizar el instrumento de Gutenberg y sus colaboradores: la imprenta. Gracias a ella conocemos su pensamiento.

De joven estudió en una escuela de ábaco, un tipo de escuela surgida en el 1200 para aprender los métodos de calculo que la numeración árabe había introducido después de ser adoptada en Europa. Todos los grandes centros comerciales de Italia e Europa disponían de ese tipo de escuela para formar jóvenes veloces en el cálculo. De aquí nace también el concepto y la difusión de la matemática aplicada al comercio.

Su habilidad hizo que el rico comerciante veneciano Rompiasi lo contratase. En Venecia frecuentó la “Scuola di Rialto” en la que enseñaba Domenico Bragadin; posiblemente Luca era "discipulus et commensalis" una categoría habitual en aquélla escuela.

Bragadin basaba su enseñanza en la lógica y la matemática, aplicándolas para profundizar en disciplinas como la astronomía , la astrología y la medicina. De aquí su pensamiento, típico de los Humanistas, que ven en la matemática y la geometría un medio perfecto para acercarse a Dios. También de aquí nace su vocación religiosa y el deseo de hacerse frate.

ESTAS FUERON SUS PALABRAS

Como es bien sabido, quien desee dedicarse al comercio y operar con la debida eficacia, necesita fundamentalmente tres cosas . . . La principal de ellas es el dinero . . . . . . la segunda cosa que se precisa para el tráfico mercantil es ser un buen contador y saber hacer las cuentas con gran rapidez . . . . . . la tercera y última cosa necesaria es la de registrar y anotar todos los negocios de manera ordenada, a fin de que se pueda tener noticia de cada uno de ellos con rapidez . . .
"De las Cuentas y las Escrituras” (1494) Tratado XI, Título noveno.

Frá Luca Pacioli empieza así a viajar de una ciudad a otra, en contacto con las universidades mas cultas de Italia: Urbino, Florencia, Milan, Napoli.

Frá Luca Pacioli empieza así a viajar de una ciudad a otra, en contacto con las universidades mas cultas de Italia: Urbino, Florencia, Milan, Napoli.

Y en Milán conoció a Leonardo. Con Leonardo estudió y enseñó matemática. Pero en su corazón siempre tenía los conceptos de una visión animística y unitaria del universo que tanto lo habían animado de joven, cuando estudió Marsilio Ficino. Siempre con Leonardo estudiará el carácter indispensable de la matemática y de la geometría para la creación del arte.

Además de su amistad con Leonardo, Frá Luca Pacioli tuvo contacto con muchos grandes pensadores de su época.

En su obra “La Partita Doppia” propone un sistema contable de doble anotación. En esta obra se pasa de una simple contabilidad a una contabilidad de sociedad donde el patrimonio y en su trasformacion por efecto de la gestión, se convierte en el objeto del análisis; todo esto hecho con la técnica de los registros sistemáticos y cronológicos y con la correspondencia entre el debe y el haber. Y con el concepto que el total del debe debe ser igual al haber en cada momento. Esta es la absoluta novedad del capitulo De computis et scripturis.

La suya es ciertamente una obra fundamental; antes de Fra Luca nunca se había elaborado algo así y solo con él aparece un texto orgánico que trate de la gestión económica. Llega al concepto del debe y el haber desde un concepto filosófico superior: el de la dicotomía entre “teoria y practica”. Teoría que no tiene miedo de convertirse en practica y practica que saca de la teoría.

Fra Luca Pacioli es un hombre de cálculo , un matemático, un filosofo y, sobre todo, un contable. Es considerado el padre de la contabilidad.

También nos legó otros dos manuscritos: De viribus quantitatis y De ludi donde el responde al deseo del hombre de entender a fondo el lenguaje de los números, trasformando este lenguaje en un juego.

Definición de valor agregado

Es el valor adicional que adquieren los bienes y servicios al ser transformados durante el proceso productivo. El valor agregado o producto interno bruto es el valor creado durante el proceso productivo. Es una medida libre de duplicaciones y se obtiene deduciendo de la producción bruta el valor de los bienes y servicios utilizados como insumos intermedios. También puede calcularse por la suma de los pagos a los factores de la producción, es decir la remuneración de asalariados, el consumo de capital fijo, el excedente de operación y los impuestos a la producción netos de los subsidios correspondientes.

Mercantilismo

Cuadro de Le Lorrain que representa un puerto de mar francés de 1638, en el momento cumbre del mercantilismo.

El mercantilismo es un conjunto de ideas económicas que considera que la prosperidad de una nación o estado depende del capital que pueda tener, y que el volumen global de comercio mundial es inalterable. El capital, que está representado por los metales preciosos que el estado tiene en su poder, se incrementa sobre todo mediante una balanza comercial positiva con otras naciones (o, lo que es lo mismo, que las exportaciones sean superiores a las importaciones). El mercantilismo sugiere que el gobierno dirigente de una nación debería buscar la consecución de esos objetivos mediante una política proteccionista sobre su economía, favoreciendo la exportación y desfavoreciendo la importación, sobre todo mediante la imposición de aranceles. La política económica basada en estas ideas a veces recibe el nombre de sistema mercantilista.

Los pensadores mercantilistas preconizan el desarrollo económico por medio del enriquecimiento de las naciones gracias al comercio exterior, lo que permite encontrar salida a los excedentes de la producción. El Estado adquiere un papel primordial en el desarrollo de la riqueza nacional, al adoptar políticas proteccionistas, y en particular estableciendo barreras arancelarias y medidas de apoyo a la exportación.

El mercantilismo como tal no es una corriente de pensamiento. Marca el final de la preeminencia de la ideología económica del cristianismo (la crematística), inspirada en Aristóteles y Platón, que rechazaba la acumulación de riquezas y los préstamos con interés (vinculados al pecado de usura). Esta nueva corriente económica surge en una época en la que los reyes desean poseer el máximo de oro posible. Las teorías mercantilistas buscan ese objetivo y desarrollan una problemática basada en el enriquecimiento. Esta corriente se basa en un sistema de análisis de los flujos económicos muy simplificado en el que, por ejemplo, no se tiene en cuenta el papel que desempeña el sistema social.

Fue la teoría predominante a lo largo de toda la Edad Moderna (desde el siglo XVI hasta el XVIII), época que aproximadamente indica el surgimiento de la idea del Estado Nación y la formación económico social conocida como Antiguo Régimen en Europa Occidental. En el ámbito nacional, el mercantilismo llevó a los primeros casos de intervención y significativo control gubernativo sobre la economía, y fue en este periodo en el que se fue estableciendo gran parte del sistema capitalista moderno. Internacionalmente, el mercantilismo sirvió indirectamente para impulsar muchas de las guerras europeas del periodo, y sirvió como causa y fundamento del imperialismo europeo, dado que las grandes potencias de Europa luchaban por el control de los mercados disponibles en el mundo.

Como agente unificador tendente a la creación de un estado nacional soberano, el mercantilismo se tuvo en contra dos fuerzas: Una, más espiritual-jurídica que política-económica, fueron los poderes universales: la Iglesia y el Imperio, la otra, de carácter predominantemente económico fue el particularismo local, con la dificultad que produce a las comunicaciones y la pervivencia de la economía natural (en determinadas zonas los ingresos del estado eran en especie y no en dinero); mientras que la pretensión mercantilista es que el mercado cerrado sea sustituido por el mercado nacional y las mercancías como medida de valor y medio de cambio sean remplazadas por el oro. El mercantilismo ve la intervención del estado como el medio más eficaz para el desarrollo económico.

Otra tendencia del mercantilismo era robustecer hacia el exterior el poder del Estado, subordinando la actividad económica hacia ese objetivo, e interesándose por la riqueza en cuanto sirva de base para ella. El liberalismo considerará a la riqueza como preciosa para el individuo, y por ende, digna de ser alcanzada como fin en si misma: si el particular no debe pensar más que enriquecerse, es un hecho puramente natural e involuntario que la riqueza de los ciudadanos contribuya a aumentar la riqueza del estado. En cambio, para los mercantilistas, la riqueza privada es simplemente un medio, y como tal se subordina al estado y a sus fines de dominio.

A lo largo de este periodo durante el cual las hipótesis evolucionaron, aparece una literatura compleja, que da idea de que existe una corriente vagamente unificada. En el Siglo XIX, se extenderá por la mayoría de las naciones europeas, adaptándose a las características nacionales. Entre las escuelas mercantilistas se distingue: el bullionismo (o "mercantilismo español") que propugna la acumulación de metales preciosos; el colbertismo (o "mercantilismo francés") que por su parte se inclina hacia la industrialización; y el comercialismo (o "mercantilismo británico") que ve en el comercio exterior la fuente de la riqueza de un país.

A partir de esa época, las cuestiones económicas dejan de pertenecer a los teólogos. La Edad Moderna marca un giro con la progresiva autonomía de la economía frente a la moral y la religión así como frente a la política. Esta enorme ruptura se realizará por medio de consejeros de los gobernantes y por los comerciantes.[1] Esta nueva disciplina llegará a ser una verdadera ciencia económica con la fisiocracia. Entre los muchos autores mercantilistas, hay que destacar a Martín de Azpilicueta (1492-1586), Tomás de Mercado (1525-1575), Jean Bodin (1530–1596), Antoine de Montchrétien (1576–1621), o William Petty (1623–1687).

La confianza en el mercantilismo comenzó a decaer a finales del siglo XVIII, momento en el que las teorías de Adam Smith y de otros economistas clásicos fueron ganando favor en el Imperio Británico, y en menor grado en el resto de Europa (con la excepción de Alemania, en donde la Escuela Histórica de Economía fue la más importante durante todo el siglo XIX y comienzos del XX). Adam Smith, que lo critica con dureza en su obra titulada Una investigación sobre la naturaleza y causas de la riqueza de las naciones (conocida comúnmente como La riqueza de las naciones), califica el mercantilismo como una "economía al servicio del Príncipe".

Curiosamente, y si bien había sido una antigua colonia británica, los Estados Unidos de América no se adhirieron a la economía clásica, sino al régimen económico que fue llamado "sistema americano" (una forma de neo-mercantilismo) a través de las políticas de Alexander Hamilton, Henry Clay, Abraham Lincoln y por lo que más tarde serían las prácticas económicas del Partido Republicano, que a su vez se reflejaron en las políticas de los historicistas alemanes y economistas como Friedrich List. Esto duró hasta el surgimiento del New Deal tras la crisis de 1929.

Hoy en día la teoría del mercantilismo es rechazada por la mayoría de los economistas, si bien algunos de sus elementos en ocasiones son vistos de forma positiva por algunos, entre los cuales cabe citar a Ravi Batra, Pat Choate, Eammon Fingleton, o Michael Lind.

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